Cuatro fases bien definidas, cada una con entregables objetivos. Sabes lo que vas a recibir en cada etapa — y lo que necesitas validar antes de avanzar a la siguiente.
El discovery es donde entendemos de verdad el problema. Nos sentamos con quienes usarán el software día a día, mapeamos el flujo real (no el flujo ideal), identificamos los cuellos de botella y diseñamos la solución sobre la operación que ya existe.
Nada de promesas vagas. Al final, sales con un documento objetivo de lo que vamos a construir, la arquitectura propuesta y una estimación de alcance, plazo y costo por escrito.
Con el discovery en mano, volvemos con la propuesta formal: arquitectura final, composición del squad, cronograma realista y presupuesto por escrito. Sin letra chica.
La propuesta incluye los criterios de aceptación de cada entrega, SLA de comunicación y cláusulas de rescisión. La idea es que todos sepan exactamente lo que están contratando.
Aquí es donde nace el software. Cadencia de planning, daily liviano, review con stakeholder y retro en cada sprint. Código en tu repositorio desde el primer commit, deploy continuo en staging y demos quincenales con el equipo del cliente.
Sigues el progreso en tiempo real, no en un PDF mensual. En cada sprint, una porción del producto entra en producción o en un ambiente de homologación listo para validación.
Después del go-live, dos opciones: mantenemos al equipo operando en cadencia de sostenimiento y evolución por demanda, o entregamos un handover limpio para que el equipo interno asuma la operación.
Handover no es arrojar código en GitHub. Es documentación de arquitectura, runbook de incidentes, revisión de accesos, sesiones de onboarding con el equipo interno y un período de acompañamiento paralelo hasta que tu equipo esté 100% cómodo.
La primera conversación es gratuita. El discovery es el primer paso formal — y es el que define el resto del proyecto.